viernes, 7 de octubre de 2016

Octubre de cambios

Otro octubre ha llegado a nuestras vidas o tal vez sea más correcto decir que hemos logrado llegar a otro octubre.
       Podríamos llegar a pensar que será igual que el anterior, con las mismas calabazas celebratorias del Día de Brujas, las mismas telarañas falsas sobre las ventanas y entradas de negocios y el deseo de una posible fiesta de disfraces.  Por ser fronterizos celebramos Halloween disfrazándonos de súper héroes, monstruos, y todo lo que supuestamente espante a los malos espíritus que deambulan por las fechas. Curiosamente ya pocos niños salen a pedir dulces porque los padres saben que no es a los muertos a los que se les debe de tener miedo, sino a los muy vivos que hacen maldades por diversión o por estupidez.
Podríamos pensar también que ya es hora de sacar los mismos suéteres, abrigos y bufandas que todo el año estuvieron guardados en lo más profundo del guardarropa esperando las primeras heladas del año por estas tierras del noroeste mexicano.

       O bien podríamos pensar que de nuevo conmemoraremos a los mismos estudiantes caídos en aquel 1968 sangriento de la Ciudad de México, hombres, mujeres y niños acaecidos en aquella Plaza de las Tres Culturas. 

Este año, por 48va ocasión conmemoramos la matanza de Tlatelolco, pero días antes también nos vimos obligados a recordar y honrar el segundo aniversario de la desaparición
de los 43 alumnos de Ayotzinapan que iban a la Ciudad de México a conmemorar a los otros alumnos caídos. Ser estudiante es peligroso. Pero no serlo es aun más riesgozo.


Pero no, este octubre es diferente a todos los demás porque el mundo ha estado envuelto en una persistente transformación social, cultural y climática desde hace unos años ya. 
Este año el clima fue más inestable que los anteriores. En un solo día se deja sentir en Tijuana el otoño, invierno, verano y primavera. Se turnan los climas en unas cuantas horas, obligándonos a usar sueter y shorts al mismo tiempo. Somos capaces de vestir todo menos huaraches con calcetín.
Propongo que este octubre sea no solo para recordar, sino para transformarnos como individuos y como comunidad. Que los pasos dados por otros estudiantes sean para aprender que somos parte del cambio. Que los cambios climáticos severos sean para enseñarnos que tenemos una responsabilidad ecológica a la que debemos responder con prontitud. Y que las celebraciones de fantasmas y muertos sean para recordarnos que nuestra vida es efímera y debemos aprovecharla. O que bien la muerte es parte de la vida y digna de celebrarse y vivirse.



Que sea un octubre de mucho provecho para todos.
Aleida Villa

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